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viernes, 17 de junio de 2011

Y no amanece. (un cuento corto)

Despiertas en el suelo. Es el vestíbulo de una escuela vacía, al anochecer. Estás confuso, abstraído en la contemplación de la pared oscura que tienes enfrente. Una mujer está tendida junto a ti, con la cabeza apoyada en tu hombro. Se despereza, bosteza, te ve y sonríe. Te besa. Respondes a su beso. La confusión cede y saboreas su aliento de sabor amargo. Ella se levanta y enfila camino hacia las escaleras con sonrisa juguetona en su rostro. Te incita a seguirla, cosa que haces. Ignoras completamente el hecho de que, mientras subes los escalones, se abre la puerta del despacho que hay en el vestíbulo, alejado sólo unos metros de donde estábais tendidos. No estáis solos.

   En la planta de arriba recorréis los pasillos. Os besáis, abrazáis, rozáis, avanzáis poco a poco mientras tanteáis las puertas que encontráis a vuestro paso. Todas están cerradas. Todas excepto la última. Entráis en el aula al mismo tiempo que unos pies que no son los vuestros suben las escaleras.


domingo, 5 de junio de 2011

Crónica del cañón que nunca existió (un cuento corto).

"NIGHTHAWKS" / Edward Hooper, 1942





El hombre en mangas de camisa termina de limpiar la cafetera, deja el paño húmedo junto a la estantería de las tazas y cucharillas y enciende un cigarro. El hombre de la cresta verde entra en el bar y saluda.


—¡A los buenos días!

—¡El que faltaba para el duro! ¡Ahora sí que ya estamos todos!


El encrestado mira alrededor, no ve a nadie más, junta las dos manos extendidas ante él y frota, resopla.     


—No veas el frío que hace ahí fuera, macho…

—¡Nos ha jodido el retaco éste! ¿Pero tú de dónde sales, criatura? ¡Que el verano hace ya rato que acabó!

—Ahí lo has dicho bien, ahí… Anda, ponme un café con leche y un cruasán desos tuyos, ¿quieres? —Dice el encrestado, se sienta en el taburete, saca un paquete de tabaco de un bolsillo del pantalón y lo deja sobre la barra.

—¡Marchando! —dice el hombre en mangas de camisa. Se lava las manos, las seca con el paño, prepara el café, canturrea, se acuerda de la quiniela, pero no recuerda si la ha terminado ni qué ha hecho con ella—. Hay que ver qué temporal, ¿eh?

—Pero ya va bien, ya, que llueva… —Dice el de la cresta. Mientras espera, pasea la mirada por las paredes desnudas del local y enciende un cigarro.
     


La chica de pelo rojo y largo vestido negro entra en el bar y saluda.