Hartos de lo estricto de nuestra dieta a bordo (medio huevo duro y patata y media hervida cada 18 horas) hemos decidido por unanimidad que mañana nos acercaremos a por provisiones hasta la Galaxia de Mierda, apenas distante a cuatro años luz de nuestra posición. Veinte minutos si cogemos la GalaxioPista. Quince si pagamos directamente en el peaje en vez de intentar colarnos.
La Teniente, que trabajó en el Planeta Basura hace siete años repartiendo periódicos, dice que si nos lo permiten apetito (ya de natural rozando avaricia y gula puras) y capital (215 pavos que sacamos al empeñar el tobogán del maldito Alien), podremos comer hamburguesas de chewie y dürums de carne de Predator hasta que nuestros sistemas digestivos implosionen. La idea nos ha parecido de lo más seductora y razonable. Curioso, pero cuando se trata de alguna causa de índole culinaria, el maldito Alien es el primero en depositar la papeleta en la urna (amén de seguir devorando con la mirada la pierna sana del Sargento Stalleno).
La Teniente, que trabajó en el Planeta Basura hace siete años repartiendo periódicos, dice que si nos lo permiten apetito (ya de natural rozando avaricia y gula puras) y capital (215 pavos que sacamos al empeñar el tobogán del maldito Alien), podremos comer hamburguesas de chewie y dürums de carne de Predator hasta que nuestros sistemas digestivos implosionen. La idea nos ha parecido de lo más seductora y razonable. Curioso, pero cuando se trata de alguna causa de índole culinaria, el maldito Alien es el primero en depositar la papeleta en la urna (amén de seguir devorando con la mirada la pierna sana del Sargento Stalleno).